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Biografia

 
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Wing_Master.orc
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Los orígenes

Génesis Universal
El mundo de Warcraft es un mundo medieval inspirado en las leyendas de muy diversas culturas y en otras ambientaciones de fantasía. Sería muy sencillo empezar por donde empieza la trama del primer juego, pero para entenderlo todo habría que retroceder un poco antes en el tiempo de este mundo ficticio.

En tiempos inmemoriales, surgió el universo, y en él apareció una raza de seres de piel metálica, llamados Titanes, de origen no terraqueo; es decir, que aparecieron del mismo universo, y no de un planeta en si. Los titanes surcaban el universo dándole forma y haciéndolo progresar, no se sabe por qué motivos. Bajo la atenta mirada del padre de los titanes, Aman'Thul, que residía en El Panteón, los titanes ordenaron millares de mundos y dieron poder a miles de razas para que continuaran su trabajo. Desde el Panteón se vigilaban los mundos para evitar que aquellos que destruían deshicieran el trabajo de los titanes, aquellos que destruían eran las razas provenientes del Torbellino del Vacío, que era una descontrolada formación de magia caótica que interconectaba miles de mundos del universo, y era también morada de infinitas criaturas demoniacas, cuya razón de ser era destruir la vida y alimentarse de las energías del universo. Los titanes, para preservar su obra se vieron obligados a pensar en algo para acabar con la posible amenaza.


Sargeras y la traición
Para combatir a las demoníacas entidades que se abrían paso hasta los mundos de los Titanes desde el Averno Astral, el Panteón eligió a su mejor guerrero, Sargeras, para que actuara como defensa. Sargeras, un noble gigante de bronce fundido, desempeñó su deber durante incontables milenios, buscando y destruyendo a los demonios dondequiera que los encontrara. En millones de años, Sargeras encontró dos poderosas razas demoníacas decididas a hacerse con el poder y dominio del universo físico. Los Eredar, una insidiosa raza de hechiceros diabólicos, utilizaban sus brujerías para esclavizar los mundos que habían invadido. Las razas indígenas de esos mundos habían mutado bajo los caóticos poderes de los Eredar y se habían vuelto demonios. Aunque los casi ilimitados poderes de Sargeras eran más que suficientes para derrotar a los maléficos Eredar, éste estaba enormemente preocupado por la corrupción de las criaturas y por el mal que todo lo consumía. Incapaz de comprender tal depravación y maldad, el gran Titán cayó en una amarga depresión. A pesar del empeoramiento de su enfermedad, Sargeras intentó liberar al universo de los brujos y los atrapó en un rincón insustancial del Averno Astral. A medida que su confusión y su depresión aumentaban, Sargeras se vio forzado a luchar contra otro grupo resuelto a perturbar el orden de los Titanes. Los Nathrezim, una oscura raza de demonios vampíricos (conocidos también como Señores del Terror) partieron a la conquista del mundo habitado para poseer a sus habitantes y convertirlos a la sombra. Los perversos y maquinadores Señores del Terror habían vuelto naciones enteras unas contra otras, al manipularlas sirviéndose del odio y la sospecha irracional. Aunque Sargeras derrotó con facilidad a los Nathrezim, su corrupción lo afectó profundamente. El noble Sargeras, incapaz de acallar la duda y la desesperación que desbordaban sus sentidos, perdió la fe en su labor y en el anhelo de los Titanes de un universo ordenado. Sargeras empezó a creer que el concepto del orden en sí mismo era una locura y que el caos y la depravación eran las únicas realidades absolutas dentro del oscuro y solitario universo. Aunque sus amigos Titanes intentaron convencerle de su error y consolarlo en sus terribles emociones, Sargeras despreció sus teorías por delusorias. Abandonó su puesto y salió a buscar su propio lugar en el universo. Aunque el Panteón estaba apenado por su partida, nunca imaginaría lo lejos que llegaría su hermano perdido. A medida que la locura de Sargeras consumía los últimos vestigios de su noble espíritu, éste empezó a creer que los únicos responsables del fracaso de la creación eran los Titanes. Finalmente resolvió deshacer sus trabajos y decidió formar un ejército imparable que consumiría en llamas el universo físico. Incluso la titánica forma de Sargeras se distorsionó con la corrupción que contaminó su corazón. Sus ojos, cabello y barba prendieron fuego, y su metálica piel de bronce se resquebrajó para mostrar una eterna caldera de odio y llamas. En su locura, Sargeras destrozó las prisiones de los Eredar y los Nathrezim y liberó a los maléficos demonios. Los astutos demonios, inclinándose ante la gran ira y el poder del oscuro Titán, se ofrecieron a él y juraron servirle en todas las maléficas formas posibles. De las filas de los potentes Eredar, Sargeras eligió a dos guerreros para dirigir su demoníaco ejército de destrucción. Kil'Jaeden el Impostor fue elegido para encontrar las razas más oscuras del universo y atraerlas a la sombra de Sargeras. El segundo guerrero, Archimonde el Corruptor, fue elegido para dirigir en combate los enormes ejércitos de Sargeras contra cualquiera que obstaculizara la voluntad del oscuro Titán. El primer paso de Kil'Jaeden fue esclavizar a los vampíricos Señores del Terror bajo su temible poder. Los Señores del Terror servían como guardia de elite y agentes por todo el universo y disfrutaban de su trabajo. Localizaban razas primitivas para que su señor las corrompiera y las atrajera hacia sí. El primero de entre todos los Señores del Terror era Tichondrius el Oscurecedor. Tichondrius servía a Kil'Jaeden como soldado perfecto y aceptó promover la ardiente voluntad de Sargeras en todos los rincones del universo. El poderoso Archimonde también reunió sus propios agentes: acudió a los maléficos Señores del Foso y a su bárbaro líder, Mannoroth, y ansiaba poder forjar una elite de combatientes que borrara de la creación toda forma de vida. Sargeras al ver que sus ejércitos estaban reunidos y listos para seguir cualquier orden que diera, lanzó sus furiosas fuerzas a la infinidad de la Gran Oscuridad. Bautizó a su creciente ejército con el nombre de la Legión de Fuego, y hasta el día de hoy no se sabe cuantos mundos consumieron y quemaron en su profana cruzada por el universo.


Azeroth
Ignorantes de los planes de Sargeras, los titanes continuaron con su tarea de crear el mundo que más tarde, sus habitantes llamarían Azeroth. Cuando se dispusieron a moldear este mundo, se encontraron con unas fuerzas elementales que se opondrían a que los titanes moldearan su mundo. Estos eran los Dioses Antiguos.

Los titanes molestos por la inclinación maligna de los Dioses Antiguos se enfrentaron a ellos. Los ejércitos de los Dioses Antiguos estaba dirigidos por cuatro lugartenientes: Ragnaros, el Señor del Fuego; Therazane, la Madre Roca; Al’Akir, el Señor del Viento y Neptulon, el Cazador de las Mareas. Estos se enfrentaron a los titanes, y aunque los cuatro señores elementales eran poderosos, no pudieron hacer nada contra los titanes y perecieron. Los titanes derrotaron a los Dioses Antiguos y confinaron a los elementales en un plano abismal, donde los mismo elementos se contendrían entre ellos.

Con la partida de los elementales, los titanes crearon razas que les ayudaran en su trabajo. Crearon a los titánides, criaturas de roca viva y a los gigantes del mar, para que movieran los océanos. Modelaron el mundo hasta que quedó perfectamente ordenado. En el centro del continente crearon el Pozo de la Eternidad, un lago de energía místicas que sería fuente de vida. Con él todo el mundo estaba un solo continente que los titanes llamaron Kalimdor que significa La Tierra de la Eterna Luz Estelar.


Los dragones
Antes de marcharse de Azeroth, los titanes escogieron a los cinco dragones más poderosos y les cedieron poder para que protegieran Azeroth de cualquier amenaza y dominaran el mundo. Los cinco dragones recibieron el nombre Los Grandes Aspectos.

Aman'thul, el Alto Padre, padre de los titanes, cedió parte de su poder a Nozdormu, dragón de bronce, para que dominara el tiempo. Nozdormu sería el Único Imperecedero. La titánide Eonar, la Patrona de Toda Vida, cedió su poder a Alexstrasza la Roja, Unidora de la vida. Alexstrasza fue coronada como Reina de los Dragones y se le dio dominio sobre toda su especie. Eonar también cedió su poder a la hermana de Alexstrasza, Ysera, la verde, con el dominio de la naturaleza. Ysera caería en un sueño eterno y se la conocería como La Soñadora. Velaría por la naturaleza desde su reino onírico, el Sueño Esmeralda. Norgannon, el Guardián de la Sabiduría, cedió su poder al dragón azul, Malygos, que sería el Tejedor de Hechizos y protector de la magia arcana. Khaz'goroth, el Formador, el titán forjador del mundo le cedió parte de su poder al dragón negro Neltharion, conocido como el Guardián de la Tierra.

Con los Grandes Aspectos protegiendo Azeroth, los titanes pudieron partir a moldear otros mundos.


El despertar
En torno a 10.000 años antes de que tuviera lugar la Primera Guerra de Azeroth entre humanos y orcos, el mundo de Azeroth solo constaba de un continente, llamado Kalimdor. En el centro de Kalimdor existía un lago repleto de energías incandescentes, este era el Pozo de la Eternidad, una fuente de magia proveniente de más allá de los confines del mundo. El pozo era una fuente de vida. Con el paso del tiempo unos humanoides nocturnos descubrieron el lago, construyeron allí sus casas y con el tiempo el poder del lago les afecto, volviéndoles inteligentes e inmortales. Estos seres se hicieron llamar Kaldorei. Los Kaldorei o elfos nocturnos, como se les llamaría más adelante, adoraban a la diosa Elune, diosa lunar que, creían, dormía en el fondo del lago durante el día. Trataron de estudiar el poder de las energías del lago, y mientras crecían, descubrían nuevos territorios de Kalimdor y se encontraron con los Dragones, criaturas enormes que se habían convertido en guardianes del mundo, y a los que prefirieron no molestar. Con el tiempo, los Kaldorei aprendieron de los poderes del pozo y comenzaron a estudiar la magia arcana. Estos estudios llevó a los Kaldorei a contactar con poderosas criaturas, pero la más llamativa fue Cenarius, el semidiós de los bosques, quien se mostró amable con los elfos y les enseñó gran cantidad de cosas sobre la naturaleza. A raíz de esto, los Kaldorei desarrollaron un fuerte afecto por los bosques y la naturaleza.

Con el tiempo, algunos elfos pensaron que el abuso de la magia podría acarrear desequilibrio, pero no fueron escuchados, y los eruditos comenzaron a levantar templos enormes, a crear poderosos objetos mágicos y adaptaron el mundo a sus necesidades y caprichos. una de las hechiceras, Azshara, alcanzó tanto conocimiento que fue coronada reina de los Kaldorei y se le construyó un palacio a orillas del Pozo de la Eternidad.

La sociedad de los elfos creció con el tiempo por el continente y llegó un momento en que Azshara escogió a unos servidores personales que recibieron el nombre de Quel'Dorei (Bien nacidos), que fueron dotados de gran poder, pero esto les llevó a creerse superiores a sus hermanos. El líder de lo "Bien Nacidos", Dath'Remar Sunstrider no tardó en hacerse con las riendas del país, y los Altonatos pasaron a ser envidiados en secreto por los demás Kaldorei, no paso así con Azshara que era incluso admirada como la encarnación de la diosa Elune, lo que levantó ampollas entre las sacerdotisas de la Luna, en especial con la alta sacerdotisa Tyrande Whisperwind.

Azshara ordenó a los Altonatos estudiar concienzudamente las energías del Pozo y estos empezaron a desentrañar las energías místicas del pozo, igual que lo hacían los eruditos. Conforme descubrían más poder, descubrían que podían crear y destruir a su antojo. Con el tiempo empezaron a abusar del uso de la magia, y fueron advertidos por Cenarius de que esto solo traería problemas, pero sus consejos fueron en vano. Con el tiempo, Azshara y los Altonatos se fueron distanciando de sus hermanos Kaldorei, y una extraña palidez cubrió sus rostros. Furion Stormrage, un joven erudito y druida aprendiz de Cenarius, hijo de un gran druida tambien aprendiz de el, percibió que una influencia mágica había corrompido a los Altonatos y a Azshara, pero no pudo identificar el origen de este mal, pero supo que lo cambiaría todo.


El conflicto de los Ancestros
La irresponsabilidad de los Altonatos les costó caro. El abuso de la magia fue detectado, a través del Pozo de la Eternidad, por mentes demoniacas. Sargeras, se lanzó a buscar el origen de la magia empleada. Al descubrir el mundo de Azeroth y ver que allí estaba el Pozo de la Eternidad, surgió en él el ansia de poder del pozo, decidiendo acabar con el mundo y reclamar las fuerzas del Pozo para sí mismo.

Sargeras se dirigió hacia Azeroth junto a su Legión de Fuego, formada por millones de caóticos demonios, provenientes de todos los confines del universo. Archimonde y Mannoroth prepararon sus guerreros y atacaron. Azshara, atraída por el poder mágico de Sargeras, le abrió las puertas a su mundo y los Altonatos, corruptos por la magia lo convirtieron en su dios. Para demostrar su fidelidad, Azshara y los Altonatos abrieron un Portal Mágico en el Pozo de la Eternidad. Cuando todo estuvo listo, Sargeras comenzó la carnicería sobre Azeroth. La Legión de Fuego arrasó con los poblados de los Kaldorei y los brujos Eredar invocaron a los Infernales, gigantes de roca y llamas verdes que alcanzaron las tierras de Kalimdor como meteoros. Los demonios avanzaron sin excesivos problemas y los elfos nocturnos, aunque defendieron su territorio, se vieron obligados a retroceder ante la Legión.

Furión Stormrage escapó para ayudar a su gente. Su hermano gemelo, Illidan Stormrage (el mas ****), a pesar de no ser un altonato, aprendió a emplear la magia arcana. Furión convenció a su hermano de que dejara sus prácticas de magia y ambos escaparon junto a la sacerdotisa Tyrande Whisperwind. Ambos hermanos se enamoraron de la bella sacerdotisa, pero Tyrande solo correspondió a Furión. Illidan se resintió por esto, pero el dolor de su corazón no tenía comparación frente a su necesidad de magia. Illidan sufría la misma sed de magia que los altonatos y pensó que empleando las mismas energías mágicas contra la Legión, podría derrotarla. Illidan y sus seguidores formaron una secta de guerreros, conocidos como Cazadores de Demonios. Los Cazadores se sacaban los ojos para emplear todo su potencial mágico contra su enemigo. Furión nunca perdonó a Illidan por convertirse en Cazador de Demonios, pero a Illidan no le importaba, solo quería impresionar a Tyrande.

Cenarius, que se comprometió a ayudar a los elfos, pidió ayuda a los dragones. En poco tiempo Alexstrasza la Roja atacó a los demonios. Cenarius llamó a los espíritus de los bosques, surgiendo los Ancestros y los Treants, hombres árbol. Furión, Illidan y Tyrande realizaron un furioso contraataque. Illidan avanzaba a través de los demonios, atravesando sus filas mientras estos caían bajo su aura mágica, que dañaba todo lo que tocaba; hasta que llegó a encararse a Azzinoth, capitán de los ejércitos de demonios, y ambos se enfrentaron. Illidan derrotó a Azzinot y tomo sus espadas curvas como trofeo, espadas que con el tiempo acabarían siendo una extensión de sus brazos.

Los aliados de los elfos nocturnos llegaron al Templo de Azshara y al Pozo de la Eternidad. Furión sabía que la fuerza pura no erradicaría la presencia del enemigo. Mientras la batalla se volvía más cruenta a cada segundo, Azshara esperaba ansiosa la llegada de Sargeras. A medida que el señor de la Legión se acercaba, Azshara mandaba a sus altonatos al Pozo, para que agrandaran el portal. Mannoroth, general de los ejércitos demoniacos guardaba la entrada al templo, Cenarius y los espíritus del bosque se enfrentaron a él, permitiendo a Furión, Tyrande y sus guerreros entrar en el templo.

Sin embargo, un terrible acontecimiento cambió los planes. El dragón negro, Neltharión, se volvió loco durante el ataque de la Legión. Brotó de él su lado oscuro y se rebautizó como Deathwing o Ala de Muerte. El dragón negro traicionó a sus hermanos dragones abandonando la batalla. Avergonzados, los demás dragones tuvieron que retirarse. Furión vio como se iban las esperanzas sin sus más grandes aliados. Convencido de que el Pozo de la Eternidad era el nexo de unión entre el mundo y los demonios, Furión decidió que había que destruirlo. Muchos elfos se horrorizaron ante esto, ya que el pozo era el origen de su inmortalidad, pero Tyrande creyó en furión y decidió atacar el palacio de Azshara y destruir el Pozo para salvar Kalimdor.


El ocaso
Furión y Tyrande atacaron el palacio de Azshara tratando de parar la llegada de Sargeras. Pero Azshara estaba preparada y los guerreros de Furión fueron apresados. Tyrande fue apresada por los altonatos cuando trató de atacar a Azshara por la espalda y sufrió graves heridas. Furión entró en cólera y se decidió a acabar personalmente con la reina enloquecida. Por sorpresa, Illidan apareció, convencido de que la destrucción del Pozo le impediría practicar magia, y avisó a los altonatos de las intenciones de Furión. Illidan no sufrió remordimiento a la hora de traicionar a su hermano. Finalmente, tomo aguas del lago en un frasco, para reclamarlas más tarde para sí mismo. Illidan sabía que los demonios destruirían la sociedad élfica.

Azshara, prevenida por Illidan, entabló una batalla épica contra Furión, quién estaba dispuesto a vencer o morir. Pero el portal que los altonatos estaban sosteniendo se volvió inestable al ser atacados y esto provocó una terrible explosión de magia arcana. Tan fuerte fue esta explosión que destruyó las bases del templo y abrió la tierra, y el Pozo de la Eternidad se colapsó entre los elfos y los demonios.

El colapso del pozo destruyó las bases del mundo y una gran parte de Kalimdor fue tragada por los mares, quedando el continente separado en dos masas de tierra alejadas por un vasto nuevo océano. En el centro de ese nuevo océano surgió una tormenta de energías caóticas, justo donde antaño estuvo el Pozo. Esta tormenta eterna, se llamó el Maelstorm, y ya jamás cesaría.


La ofrenda de Illidan
Tyrande y Furión fueron rescatados por Cenarius. Ambos guiaron a los pocos elfos nocturnos restantes hacia nuevas tierras para construir un nuevo hogar. Sargeras y la Legión de Fuego, habían sido desterrados por el colapso del Pozo, pero el precio fue terrible. Los Kaldorei se dieron cuenta de que habían sobrevivido bastantes altonatos, que se unieron a los kaldorei para buscar un nuevo hogar. Aunque Furión no confiaba en ellos, sabía que sin Pozo no podrían dominar su magia, por lo que no eran una amenaza. Muchos se alegraron cuando descubrieron que la montaña Hyjal y el bosque Ashenvale, el hogar de Cenarius considerado como sagrado, había sobrevivido. Buscando un nuevo hogar, Furión y los Kaldorei subieron la montaña y al llegar al valle, encontraron un lago. uno de los altonatos se lanzó sobre las aguas del lago con gran excitación. Con horror para todos los demás, las aguas del lago rebosaban energía mágica.

Illidan se adelantó a Furión y vació sus frascos en el agua, buscando mantener el flujo de magia, y formando un nuevo Pozo de la Eternidad. Illidan creyó hacer un gran bien, que el nuevo pozo era una hermosa ofrenda para la futura sociedad élfica, pero Furión no estaba de acuerdo y los gemelos se volvieron a enfrentar. Con la ayuda de Cenarius, Furión encerró a su hermano en una prisión bajo tierra. Para segurar que Illidan no escapaba, Furión buscó a una guardiana, Maiev Shadowsong, para que lo custodiara. Cenarius encargo a uno de sus hijos, Califax que ayudara a la guardiana Maiev.

Temiendo que destruir el pozo provocara otra catástrofe, los elfos decidieron no tocar el nuevo Pozo. Los elfos comenzaron a estudiar las artes druídicas para sanar la tierra y recuperar sus bosques.


El Árbol del Mundo
Los elfos reconstruyeron sus hogares en torno al monte Hyjal, buscando siempre la armonía con la naturaleza.

9.000 años antes de la Primera Guerra de Azeroth, los dragones supervivientes surgieron de nuevo. Alexstrasza, Ysera, Malygos y Nozdormu llegaron a las tierras de los druidas y se encontraron con Furión, que con el tiempo se convirtió en Shan-Do (archidruida), quien recibió a los dragones y les habló del nuevo Pozo de la Eternidad. Los dragones se alarmaron y dedujeron que este nuevo pozo podría volver a traer a la Legión. Furión y los Cuatro Aspectos decidieron hacer algo, y los cuatro dragones cedieron parte de su poder para crear el Alma de Demonio, cuyo poder infligiría daño a la Legión Ardiente en caso de un nuevo ataque. Sin embargo, Neltharion, el dragón negro no cedió nada de su poder, y permaneció como el más poderoso de los dragones, que, secretamente, planeaba para asolar el mundo.

Alexstrasza plantó una semilla en el fondo del pozo, que activada por la magia del pozo se convirtió en un inmenso árbol, que succionó todas la aguas del pozo. Este nuevo árbol simbolizaría la unión de los elfos nocturnos con la naturaleza y sus energías sanadoras se extienden por todo el mundo. Este árbol del mundo recibió el nombre de Nordrassil. Nozdormu encantó el árbol para proveer a los elfos de inmortalidad. Ysera enlazó el Árbol con su reino onírico, el Sueño Esmeralda, de modo que regularía el avance de la naturaleza y la evolución del mundo. Los druidas elfos nocturnos, incluido Furión, deberían unirse a Ysera en el Sueño Esmeralda, cosa que hicieron gustosos, a pesar saber que perderían gran tiempo de sus vidas durante la hibernación. Sin embargo, los dragones no contaron toda la verdad a los elfos sobre el Sueño Esmeralda...


Los Trolls
Aunque los Kaldorei alcanzaron un gran conocimiento, no llegaron a encontrarse con otras culturas inteligentes hasta muy tarde. En el este, mucho antes del colapso del primer Pozo de la Eternidad, surgió una cultura que logró crear un inmenso imperio guerrero. Mil años antes de que los Kaldorei aparecieran, existían dos imperios troll enfrentados: los Troll Gurubashi y los Troll Amani, que construyeron Zul'Aman, en las tierras del norte, donde más tarde estaría Lordaeron. También estaba el imperio Gundrak pero nunca llegó a ser tan importante como los otros dos. Se sospecha que esta especie, procedía del valle de Stranglethorn.

Aunque todos eran trolls, no se tenían mucha simpatía. Sin embargo, tuvieron que unirse contra los insectos Azi'Aqir que destruían todo lo que no fuera insectoide. Finalmente los insectos fueron derrotados y divididos en Azjol'Nerub,los nerubians; al norte, y en Anh'Qiraj, los silithis, al sur. Unos pocos trolls encontraron el Pozo de la Eternidad y lo emplearon para sus propios fines (es posible que los Kaldorei provengan de los trolls). Los elfos y los trolls se enfrentaron varias veces, pero al final fueron los elfos quienes expulsaron a los agentes de los imperios troll. Los trolls ignoraban las acciones de los elfos hasta que el Pozo se colapsó y Kalimdor quedó dividido en cuatro grandes islas y los distintos imperios troll se separaron.

Los trolls de la jungla adoraban a Hakkar, un dios sanguinario. Hakkar demandó las almas de los niños trolls para manifestarse en el mundo, al escuchar esto, los trolls se negaron y dejaron de adorarle, provocando su ira. Solo los troll Atal'Ai continuaron adorando a Hakkar, por lo que los Gurubashi los expulsaron y se vieron obligados a emigrar hacia el Pantano de las Lamentaciones. Dividido por esto, los Gurubashi se vieron sumergidos en una guerra tribal. Las tribus Skullspliter y los Darkspear lucharon a muerte por el dominio. La superioridad de los Skullspliter obligó a los Darkspear a abandonar continente, y fueron exiliados a una isla del Gran Mar, que han habitado desde entonces.

Mientras lo elfos reconstruían sus vidas en torno al monte Hyjal, los Atal'Ai continuaron con la invocación de Hakkar. Esta amenaza alertó a Ysera, que mandó a uno de sus hijos, Eranikus, a avisar del peligro que esto suponía, pero los brujos Atal'Ai se obstinaron en invocar a Hakkar. Ysera misma se presentó ante los Atal'Ai y hundió la ciudadela de los Atal'Ai, formando la Fosa de las Lágrimas. Hakkar se vengó corrompiendo a Ysera con su poder. Los Grandes Aspectos, temiendo perder a otro de sus hermanos, confinaron a Ysera en el Sueño Esmeralda. para evitar que la corrupción culminara, los Grandes Aspectos solicitaron que los druidas se sumergieran en el Sueño Esmeralda junto con Ysera para ejercer de soporte, a cambio del crecimiento del Árbol del Mundo. Sin embargo, Neltharion, el dragón negro, tenía otros planes. Convenció a sus hermanos para que cedieran parte de su poder en crear un objeto llamado Alma de Demonio. Les dijo a sus hermanos que, ellos no vivirían por siempre y que con su desaparición, las razas mortales estarían indefensas ante la Legión Ardiente. Aunque no muy convencidos, los hechos recientes dejaban claro que les costaba contener el mal. recordando el encargo de los titanes, aceptaron. Los cuatro hermanos de Neltharion dieron parte de sus poderes, pero Neltharion permaneció con su poder al completo. Enseguida, Neltharion empleó el Alma de Demonio para destruir a los dragones azules. Malygos quedó solo y sin herencia, así que viajó al gélido Northrend y creo un cementerio para sus hijos, el Dragonblight. Malygos encargó s Sapphiron, su siervo superviviente, custodiar el Dragonblight por siempre.

Alexstrasza, conocedora de las intenciones de Neltharion, confinó el Alma de Demonio en las profundidades de las montañas de Khaz Modan.


Los elfos exiliados
Los elfos reconstruyeron su sociedad y se expandieron por los bosques de la región de Ashenvale. También resurgieron diversas razas que casi se extinguen tras el colapso del Pozo. Bajo el mando de los druidas, los elfos tuvieron una vida pacífica. Sin embargo, los altonatos supervivientes vivían intranquilos. Igual que Illidan, cayeron presa de una depresión enorme por no poder usar sus poderes mágicos. Se veían continuamente tentados a tomar las energías del pozo y volver a emplear magia. Dath'Remar Sunstrider, el líder de los altonatos empezó a oponerse a los druidas acusándolos de cobardes por rechazar la magia. Los druidas avisaron que el empleo de magia sería castigado severamente. En un intento por convencer a los druidas de que debían usar magia, Dath'Rema Sunstrider y sus altonatos convocaron una tormenta mágica en los bosques de Ashenvale.

Como consecuencia, los druidas decidieron otorgarles el exilio. Dath'remar Sunstrider y sus seguidores se alegraron ante la idea de separarse de los estrictos druidas y construyeron navíos para cruzar el Gran Mar y fundar su propia nación donde practicarían la magia libremente. Acabaron llegando a las tierras que más tarde serían llamadas Lordaeron y se instalaron en Quel´Thalas. Rehusaron a las costumbres nocturnas de los Kaldorei, pasando a hacer vida diurna. Dejaron de ser elfos nocturnos para ser conocidos como Altos Elfos (high elves).


Las Centinelas
Tras la partida de los altonatos, los druidas incluido Malfurión, se prepararon para sumirse en el Sueño Esmeralda. Los Kaldorei cerraron las fronteras de Ashenvale con un hechizo que lo sumiría en un profundo misterio. Los elfos nocturnos permanecieron allí recluidos sin tener contacto con otras razas o culturas. Los druidas dejaron atrás sus vidas para unirse a Ysera en el Sueño Esmeralda. Tyrande pidió a Malfurión que no lo hiciera, pero Malfurión se sentía moralmente obligado a entrar en el Sueño Esmeralda, y lo hacía con gusto. Le dijo a Tyrande que nada podría separarle de ella y se Sumió en el sueño Esmeralda. Tyrande, convertida en Alta Sacerdotisa, reunió a sus hermanas guerreras elfas nocturnas y creó a las Centinelas, cuya misión sería proteger kalimdor y salvaguardar los bosques de Ashenvale. Contaban con la ayuda de Cenarius, sus hijos, los guardianes de los bosques y sus hijas, las dríades. Sin embargo, sin Malfurion a su lado, Tyrande siempre temió una segunda invasión por parte de la Legión de Fuego.


El nuevo mundo de Azeroth
Quel'Thalas 6.800 años antes de la Primera Guerra de Azeroth entre humanos y orcos, los altonatos exiliados de Kalimdor, liderados por Dath'Remar Sunstrider, llegaron a un continente que más tarde sería bautizado como Lordaeron. Los elfos se asentaron en unos claros de Tirisfal. Tras unos años, empezaron a darse casos de locura entre algunos elfos. Los sacerdotes supusieron que algo maligno dominaba esa parte del mundo. Los Elfo Altos se movilizaron hacia el norte, donde había otra zona rica en energías. Su viaje se fue complicando poco a poco. Desde que perdieron el contacto con el Pozo de la Eternidad, habían estado enfermando y envejeciendo. Se volvieron más pequeños de lo que eran, su piel se volvió blanca y sus cabellos pasaron a ser rubios. Encontraron criaturas que nunca vieron, como humanos, que vivían en tribus. Pero el mayor reto fue el de los trolls de Zul'Aman. Estos trolls formaron el imperio Amani y tenían la cualidad de regenerarse de las más terribles heridas y probaron ser una raza bárbara y hostil hacia todo aquel que pisase su territorio. Los elfos desarrolaron un profundo rechazo hacia los trolls, y los mataban allí donde los encontraban. Para los trolls, la llegada de los elfos era un insulto para sus ancestros.

Después de muchos años, los elfos encontraron un bosque que fuera parte remanente de Kalimdor. En las profundidades del bosque fundaron Quel'Thalas y se pusieron a crear un imperio que superase al de los Kaldorei. Pero no fue fácil, por que eran tierras sagradas para los trolls y estos se lanzaron en masa a atacar el nuevo territorio elfo. Los Altos Elfos atacaron a los trolls con su magia, pero muchos, temerosos de las prevenciones del pasado, temían que pudieran llamar la atención de la Legión de Fuego. Para evitar esto, se construyeron monolitos rúnicos alrededor de Quel'Thalas. Estos monolitos establecerían una barrera mágica que ocultaría el uso de la magia elfica a otras dimensiones y de paso, ahuyentaba a los supersticiosos trolls.

Quel'Thalas acabó convirtiéndose en un monumento al progreso de los Altos Elfos. Se fundó el consejo de Silvermoon para gobernar la región, pero la dinastía de los Sunstrider siempre llevaría las riendas de Quel'Thalas. el consejo, compuesto por siete sabios, hacía respetar las leyes y las tierras del imperio. protegidos por la barrera, los Altos Elfos olvidaron las advertencias de los kaldorei y continuaron empleando magia para casi todo. En el centro de Silvermoon crearon el pozo del Sol, con aguas provenientes del Pozo de la Eternidad. Durante mucho tiempo, los Altos Elfos vivieron en calma, hasta que un día, los trolls se reagruparon y atacaron en masa Quel'Thalas.


El hombre y las Guerras Troll
Los trolls eran en verdad una amenaza, y las tribus nómadas de hombres, que hasta el momento luchaban unas contra otras, se unieron bajo la gran tribu Arathi, para enfrentarse con valor y determinación a los trolls y establecer su propio territorio tribal. Así, los Arathi fueron derrotando a las tribus humanas rivales, y ofreciéndolas paz e igualdad si se unían a ellos. Así, las filas de los Arathi no tardaron en ser inmensas. Para evitar un ataque de los trolls que acabara con sus gente, los Arathi decidieron construir una ciudad-fortaleza, al sureste de Lordaeron. La nación Arathi se llamó Arathor, y la ciudad-fortaleza, Strom. Bajo el mismo estandarte, los humanos crearon una fuerte cultura. El rey Thoradin, sabía de la existencia de los elfos del norte y del constante asedio que sufrían por parte de los trolls. Sin embargo, no podía hacer nada por ellos si con ello descuidaba la defensa de su pueblo. Mucho tiempo pasó hasta que llegaron rumores de la caída de los reclusivos elfos de Quel'Thalas, y no fue hasta que los embajadores de Quel'Thalas llegaron a Strom que Thoradin se decidió a enfrentarse a los trolls. Los elfos, desesperados, prometieron enseñar magia a unos pocos humanos para que pudieran hacer frente a los trolls. Los elfos descubrieron que algunos humanos tenían una facilidad innata para dominar la magia. Cien hombres fueron los instruidos en las artes mágicas de los elfos, no más de los necesarios para hacer frente a los trolls. Los elfos, acompañados de sus aliados humanos, partieron hacia el norte.

Los ejércitos de elfos y humanos irrumpieron fuertemente contra los trolls en las montañas de Alterac. los elfos dejaron caer todo su poder mágico sobre los trolls y los humanos atacaron con todas sus fuerzas. Dejaron caer el fuego de los cielos sobre los trolls, que no dejaba que sus heridas curasen. Así cayeron los trolls, que jamás se pudieron recuperar. La historia de este mundo no los vuelve a contemplar como un gran imperio unido.

Por su parte, elfos y humanos se aliaron y juraron lealtad y amistad eterna.


Guardianes de Tirisfal
Con el paso de los años, el rey Thoradin murió de vejez y dejó libertad a sus sucesores para que expandieran el reino más allá de las murallas de Strom. Los cien magos originales estudiaron sus habilidades y las perfeccionaron. Estos magos eran cuidadosos y responsables con el uso de su magia, pero al pasar estos conocimientos a generaciones venideras, los secretos mágicos comenzaron a emplearse sin cuidado y a medida que los magos crecían en poder, se aislaban de la sociedad.

Se fundó una nueva ciudad, Dalaran, al norte de Strom. Muchos magos viajaron a Dalaran, donde se sumergieron en el estudio de la magia. los magos humanos aprendieron a convocar ventiscas y lluvias, así como a tele-transportarse de un sitio a otro, a volverse invisibles, a cambiar la forma de los animales, e incluso fueron capaces de liberar a los elementales de agua y emplearlos como aliados. Dalaran creció aceptando el poder de los magos, pero un poder oculto acechaba a los humanos.

Los agentes de la Legión de Fuego, expulsados tras la implosión del Pozo de la Eternidad, fueron atraídos por los constantes hechizos de Dalaran, que habían roto las efímeras barreras entre el mundo físico y los mundos etéreos. Estos demonios no suponían una gran amenaza, pero alteraban el orden en las calles de Dalaran. Los magos de Dalaran ocultaron la existencia de los demonios al público. La gente comenzó a sospechar que los magos ocultaban la verdad. Posesiones, apariciones de criaturas demoniacas y asesinatos provocaron el pánico entre los habitantes de Dalaran. Los magos, temiendo una revolución, pidieron ayuda a los Elfos Altos. Los elfos determinaron que se trataba solo de unos demonios perdidos por el mundo, pero sí advirtieron que si los hombres de Dalaran continuaban empleando magia a ese ritmo, la Legión de Fuego podría volver. Los elfos informaron a los magos humanos sobre la historia pasada de Kalimdor y la Legión de Fuego. Los magos, propusieron crear un grupo de expertos, y dar poder a un campeón mortal, un guardián que se enfrentaría en una cruzada secreta contra la Legión. Creando un grupo de apoyo para el guardián, los elfos redimirían sus pecados pasados.

Se establecieron reuniones en Tirisfal y se creó la secta de Guardianes de Tirisfal. Los Guardianes escogidos serían imbuidos con poderes mágicos de mago elfos y humanos. Solo habría un Guardián a la vez, pero tendría un vasto poder para luchar contra la Legión. Cuando un guardián envejecía demasiado se elegía un nuevo Guardián que luchara contra la Legión. Durante generaciones, los Guardianes han defendido las tierras de Quel'Thalas y Arathor, mientras el uso de la magia engrandecía el imperio humano.


Ironforge y los enanos
Tras la partida de los titanes, los titánides continuaron con su tarea de formar las entrañas del mundo. Los titánides jamás se preocuparon por los asuntos de las razas de la superficie, y solo se ocuparon de los problemas que concernían a los oscuros abismos de la tierra. Tras la implosión del Pozo de la Eternidad, los titánides se vieron afectados. Sufrieron mucho dolor, y se unieron a las rocas de las que fueron hechos. Uldaman, Uldum y Ulduar fueron las ciudades de los titánides, en las que estos durmieron en paz durante 8.000 años.

No está claro porqué despertaron los titánides, pero mientras dormían sus cuerpos cambiaron. La roca de sus cuerpos se volvió carne, y sus poderes sobre la roca desaparecieron, se habían vuelto mortales.

Los titánides dejaron atrás las cuevas de Uldaman y se aventuraron a la superficie. Construyeron una ciudad bajo la más alta de las montañas, llamaron a su tierra Khaz Modan y fundaron una poderosa forja dentro de la montaña. A la ciudad que surgió alrededor de la forja la llamaron Ironforge. Desde entonces dejaron de ser titánides para ser enanos. Los enanos, fascinados en sus tareas de minería no se preocuparon por los problemas de sus vecinos.





Siete reinos
A poco más de un milenio antes de la Primera Guerra de Azeroth, Strom continuó ejerciendo como capital de Arathor, pero con el tiempo aparecieron muchas nuevas ciudades-estado. Además de Dalaran, surgieron Gilneas, Alterac y Kul-Tiras. Bajo la vigilancia de la Orden de Tirisfal, Dalaran se convirtió en la meca de aprendizaje de los magos. Los magos de Dalaran crearon el Kirin Tor, una organización cuyo objetivo era dejar constancia y guardar información sobre todo hechizo, conjuro u objeto mágico que la humanidad hubiera conocido. Gilneas y Alterac se convirtieron en un fuerte apoyo militar y desarrollaron grandes ejércitos que exploraron Khaz Modan. Así, los hombres descubrieron a los enanos, y ambas razas descubrieron que tenían una singular afinidad. Kul-Tiras, fundada sobre una isla de Lordaeron, se desarrolló a partir de la pesca y el mercado. Más adelante, Kul Tiras creó una gran fuerza naval que exploró los mares y tierras conocidos, en busca de bienes exóticos con los que comerciar. Mientras Arathor florecía, el distanciamiento entre sus reinos era cada vez mayor. Con el tiempo, los señores de Strom decidieron cambiar sus asentamientos a las verdes tierras del norte, y dejar atrás las áridas tierras en que se ubicaban. los nietos del rey Thoradin, últimos descendientes de los Arathi, no quisieron abandonar Strom, lo que supuso un descontento para muchos de los que estaban dispuestos a partir. Los grandes señores de Strom acabaron abandonando la ciudad, y construyeron la ciudad de Lordaeron, al norte de Dalaran, nombre que tomó el resto del continente. Lordaeron se convirtió en una meca religiosa y un punto de paz para los desvalidos. Los descendientes de la dinastía Arathi permanecieron en los territorios de Strom y viajaron hacia el sur, sobre las montañas de Khaz Modan. El viaje duró mucho tiempo, y acabaron asentándose en al norte del continente que luego se llamó Azeroth. Allí en un valle, fundaron el poderoso reino de Stormwind. Los pocos que se quedaron en Strom decidieron guardar los muros de la ciudad. Strom ya no era más la capital del imperio, pero se formó la nación de Stromgarde. Así, el imperio de Arathor se desintegró y cada nación forjó sus propias creencias y costumbres.


La caza del dragón
Mientras los reinos humanos se separaban, los Guardianes permanecían en constante vigilancia. Hubo un Guardián que se distinguió como un gran luchador contra la sombra, Magna Aegwynn. Aegwynn buscaba y daba caza a todos los demonios allí donde los encontrara, pero en ocasiones cuestionaba la autoridad del Concilio de Tirisfal, dominado por hombres. Aegwynn pensaba que los elfos y los ancianos del concilio no tenían madera para vencer a la sombra. Cansada por las largas discusiones y debates, Aegwynn demostraba un valor más allá del entendimiento en situaciones cruciales. Su dominio del poder de Tirisfal crecía y Aegwynn acabó descubriendo que un numeroso grupo de demonios estaba apareciendo en el continente helado de Northrend. Aegwynn viajó hasta el continente gélido y encontró a los demonios entre las montañas. Descubrió que los demonios habían dado caza a uno de los últimos dragones supervivientes y absorbido su magia ancestral. Los poderosos hijos de Malygos el tejedor de conjuros, los dragones azules, habían decidido combatir los poderes de la Legión ellos mismos ante el aumento de las sociedades mortales del mundo. Aegwynn se enfrentó a los demonios, y con ayuda de los dragones, los derrotó. Pero tan pronto como el último dragón desapareció del mundo, una terrible tormenta sacudió los cielos del norte y Sargeras emergió sobre Northrend. Sargeras le dijo a Aegwynn que el tiempo de Tirisfal se agotaba, y que el mundo llegaría a su fin, devorado por la Legión. Aegwynn arremetió contra el demonio, y acabó con la forma física de Sargeras con alarmante facilidad. Tras esto, Aegwynn llevó el cuerpo de Sargeras a uno de los antiguos salones de Kalimdor, que se encontraba cerca del punto donde colapsó el Pozo de la Eternidad, en el centro del Gran Mar. Aegwynn nunca sospechó que ese era el plan de Sargeras.


La guerra de los tres martillos
En Ironforge, los enanos vivieron en calma por muchos siglos. Mientras el rey Modimus Anvilmar reinaba el reino con valor, tres facciones enanas fueron ganando en poder y popularidad. El Clan Bronzebeard, defensores de Ironforge, liderados por el rey Madoran Bronzebeard; el Clan Wildhammer, liderado por el rey Khardos Wildhammer, poseía las minas y fuertes de la base de la montaña y ganaba poder poco a poco; y el Clan Dark Iron, liderados por el hechicero Thaurissan. Los enanos del clan Dark Iron habitaban las sombras bajo las montañas y conspiraban contra los otros dos clanes. Cuando el anciano rey murió por su avanzada edad, las disputas por el poder estallaron y la guerra civil enana sacudió Ironforge durante mucho tiempo, pero los Bronzebeards expulsaron a los Wildhammers y los Dark Iron fuera de la montaña. los Wildhammers viajaron al norte y construyeron su propio reino, Grim Batol. Los Dark Iron no tuvieron tanta suerte y, humillados, juraron venganza contra Ironforge. Los Dark Iron viajaron al sur y fundaron la ciudad de Thaurissan, como su líder, bajo las Montañas de Redridge. El paso de los años no apagó la rabia de los Dark Iron y Thaurissan proclamó las tierras de Khaz Modan solo para su clan, asaltando Ironforge y Grim Batol. Thaurissan asaltó Ironforge, mientras que su esposa, Mogdud atacó Grim Batol. Los dos líderes de los Dark Iron casi logran su objetivo, pero los Bronzebeard finalmente rechazaron los ataques de los enanos de Thaurissan y este tuvo que retirarse a su ciudad. Mogdud, por su parte, realizó un brutal asalto contra los Wildhammer de Grim Batol, pero murió a manos del rey Wildhammer, Khardros. Con la reina bruja muerta, los Dark Iron que asaltaron Grim Batol cayeron bajo la furia de los Wildhammers. Con los ejércitos de Ironforge y Grim Batol unidos, los Bronzebeard y los Wildhammer se lanzaron a destruir Tharissan y a los Dark Iron que quedaban, pero el hechicero Thaurissan invocó a la más terrible de las criaturas que pudo, un poder que ni él podía imaginar. Ragnaros, el Señor del Fuego, uno de los dioses elementales encerrados por los titanes tiempo atrás resurgió de su prisión. El resurgir del señor elemental sacudió los cimientos de las montañas de Redridge y creó un poderoso volcán, conocido ahora como Blackrock Spire, región en la que reinaría desde entonces hasta el día de hoy, sometiendo a los Dark Iron supervivientes a su voluntad.

Aterrados por el poder de Ragnaros, los ejércitos de Ironforge y Grim Batol se retiraron a sus reinos. Cuando los Wildhammers llegaron a Grim Batol descubrieron que la muerte de Mogdud había tenido un efecto maligno sobre el reino y había quedado inhabitable. Ante esta situación, los Bronzebeard ofrecieron cobijo a los Wildhammer en Ironforge, cobijo que los Wildhammer rechazaron. El pueblo de Kardros viajó hacia Lordaeron, al bosque de Hinterlands y allí fundaron Aerie Peak, donde se dedicaron a domesticar a los grifos de la zona.

Ambos reinos mantuvieron relaciones comerciales y prosperaron. Cuando Khardros Wildhammer y Madoran Bronzebeard murieron, dos estatuas de sus figuras fueron levantadas en la frontera con las tierras gobernadas por Ragnaros, como advertencia del precio que los Dark Iron pagaron por sus crímenes. Los Wildhammer tomaron la decisión de vivir, desde entonces, en la superficie.


El Último de los Guardianes
Con Sargeras derrotado, Magna Aegwynn continuó protegiendo Azeroth cerca de novecientos años. Hasta que el Concilio de Tirisfal decidió que había terminado su papel como guardiana. Fue obligada a pasar sus poderes a un nuevo guardián, pero Aegwynn discrepaba, y decidió buscar personalmente al nuevo guardián. Aegwynn concibió entonces a un hijo al que llamó Medivh ("guardián de los secretos" en lengua del elfo noturno), que fue hijo del mago Nielas Aran. La afinidad de su padre por la magia, marcó al niño ya desde antes de nacer.

Aegwynn creyó que Medivh se convertiría en el próximo guardián. Pero no conocía las verdaderas intenciones de Sargeras. Sárgeras se metió en el cuerpo de la Guardiana y poseyó el cuerpo de su hijo al concebir a este. Medivh estaba poseído en realidad por el gran enemigo de su madre. Aegwynn lo dejó a cargo de su padre para que se criara como mortal, mientras ella lo vigilaba para volver cuando considerara a Medivh, digno de convertirse en Guardián. Medivh creció sin problemas, estudiando las artes de la magia como su padre y en compañía de sus dos mejores amigos, Llane (el príncipe de Azeroth) y Anduin lothar, descendiente directo de los Arathi. Pero al llegar a los 14 años de vida, el poder oculto de Sargeras despertó y la lucha de Medivh por el control de su alma lo dejó en coma. Al despertar, ya era adulto y Llane y Anduin era los gobernantes de Azeroth, y aunque quiso proteger Azeroth con sus poderes, el temible Sargeras se lo impidió y lo llevó a un terrible desenlace. Sargeras se había hecho con Medivh, y sus planes de dominación y conquista estaban en marcha y el último de los Guardianes le ayudaría en su demoniaca empresa.


Draenor
La caída de Argus
Hace más de 25.000 años, Argus era un planeta habitado por una raza de seres muy avanzado en los caminos de la magia, los eredar. Los eredar desarrollaron dos cualidades clave, una inteligencia inmensa y una estrecha conexión con las fuerzas de la magia. Los eredar no tardaron en crear una civilización magnífica.

Pero las maravillas de los eredar llamaron atención de Sargeras, el titán caído. Fascinado por el potencial de los eredar,decidió que podían convertirse en piezas clave de sus planes de destrucción cósmica. Dispuesto a convertir a los eredar en los generales de su Cruzada Ardiente, Sargeras se dirigió a Argus y contactó con los tres líderes eredar: Archimonde, Kil'Jaeden y Velen.

Sargeras ofreció conocimiento y poder en cantidades universales a los tres líderes de Argus. La oferta, difícil de rechazar, trajo una visión de un futuro lleno de muerte y destrucción a la cabeza de Velen. No tardó en comprender que una oferta tan grande conllevaría consecuencias proporcionalmente terribles para su gente. Contemplando lo que podría significar la destrucción de la civilización eredar, Velen corrió a advertir a Kil'Jaeden y Archimonde, sin embargo, sus dos compañeros ya estaban seducidos por la oferta del Titán Oscuro e hicieron oidos sordos sus palabras. Ellos ofrecieron su lealtad a Sargeras y este cumplió su palabra, convirtiéndolos en figuras casi omnipotentes, pero corrompidas hasta el punto de portar la maldad pura de todo demonio.


Los Naruu y los Draenei Con este nuevo poder en manos de Archimonde y Kil'Jaeden, Velen supo que cualquier oposición directa sería inútil. A punto de tirar la toalla y observando como se acercaba el fin de la civilización, que hasta hace poco había gozado del esplendor mismo de las estrellas, Velen recibió respuesta a sus súplicas. Un ser de naturaleza completamente desconocida se manifestó ante él y se reveló como miembro de la ancestral raza de los Naruu, una raza de seres compuestos de energía pura dedicados a combatir la Cruzada Ardiente de Sargeras. El Naruu hizo una oferta a Velen, desplazar a Velen y los que pensaran como él lejos de Argus, a un lugar seguro, lejos de la influencia de Sargeras y de sus dos nuevos generales.

Profundamente aliviado y con nuevas esperanzas, Velen reunió a los Eredar que, como él, rechazaron la oferta de Sargeras hasta ese momento. Esta nueva facción renegó de su raza y se bautizaron a si mismos como los "Draenei" que en el antiguo idioma Eredun significa ‘los exiliados’. Estos renegados escaparon de Argus con la Legión Ardiente pisándoles los talones. Kil'Jaeden, exaltado en furia por lo que veía como la traición de Velen al pueblo Eredar, juró que allá donde este y sus Draenei fueran, él los perseguiría, incluso si eso significaba alcanzar los límites del universo.

Durante milenios, la Legión persiguió a los Draenei a través de incontables mundos mientras estos buscaban un lugar en el que poder descansar con seguridad, pero no estaban solos. Los Naruu bendijeron a los Draenei con el poder de la Luz, dándoles a conocer que existían fuerzas en el universo que se unirían a la causa contra la Cruzada Ardiente de Sargeras y que un día esas fuerzas se reunirían en un mismo ejército, y los Naruu los guiarían a la batalla final contra la Legión Ardiente de Sargeras. Emocionados por el deseo de los Naruu, los Draenei juraron fidelidad a estos seres de luz y continuar con su legado allá donde fueran.


El Refugio de los Exiliados
Tras miles de años escapando de la Legión, los Draenei finalmente encontraron un mundo seguro. Este mundo, fertil y pacífico, tenía los recursos suficientes como para comenzar una nueva vida. A este mundo anónimo, los draenei lo bautizaron como "Draenor" que en su lengua significaba Refugio de los Exiliados. Con miedo a ser descubiertos, Velen y sus seguidores comenzaron a reconstruir sus vidas manteniendo la magia al margen, para evitar llamar la atención de sus perseguidores.

Poco después de su llegada, los Draenei comenzaron a establecer contacto con las numerosas razas nativas del planeta, entre las que se encontraba el honorable pueblo de los orcos que habitaban en los territorios fértiles de Nagrand. Tratándose con respeto mutuo, los Draenei y los orcos se limitaban a mantener relaciones de comercio, nunca relacionándose un pueblo con otro.

Pero, aun con el cuidado de los Draenei por no llamar la atención de los demonios, no pasó mucho tiempo hasta que Kil'Jaeden logró encontrar el nuevo refugio de los Draenei. Observando y analizando ese nuevo mundo, su corrupta mente comenzó a trazar un nuevo plan para destruir a los Draenei.


El Pacto de sangre
Según los criptoglifos de la raza Draenei, el demonio Eredar Kil'Jaeden, al que conocen como "el Embaucador", observaba el inocente planeta Draenor desde las profundidades del Torbellino del Vacío. Kil'Jaeden, planeaba una invasión discreta. Necesitaba una fuerza de choque que destruyera todo cuanto encontrara antes del paso de la Legión sobre el mundo. El objetivo consistía en debilitar a las razas mortales del planeta, antes de dar el golpe de gracia con la verdadera invasión y destruir a los traidores Draenei.

Kil'Jaeden, al contrario que sus congéneres Mannoroth y Archimonde, prefería tácticas de invasión más sutiles. Basadas en el engaño, buscando las debilidades del objetivo y aprovechándose de estas en beneficio propio.

En Draenor, habitaban una gran diversidad de razas. Los Draenei, que desarrollaron una cultura pacífica y civilizada, más avanzada que el resto, sacaban provecho de las técnicas de agricultura y desarrollaron una tradición mortuoria, diferente de lo que fueron originalmente los Eredar; otra raza, los orcos, nativos de Draenor se desarrollaron en torno a las creencias en la naturaleza y los espíritus de esta. Organizados en clanes, gobernados generalmente por dos figuras. La primera, un jefe, que sería el más fuerte del clan; la segunda, un chamán, entrenado desde joven y que ejerciera la función de guía espiritual del pueblo. Tenían una marcado sentido del honor, y al contrario que los Draenei, los orcos basaban su alimentación en la cacería.

Kil'Jaeden, notó que los orcos eran una raza susceptibles y le resultarían más fáciles de corromper, además la anatomía de los orcos era más favorable para labores de guerra que la de los Draenei, así que se decantó por la corromper a la raza cazadora para ejecutar su plan.

El Embaucador habló al alma de un anciano chamán orco, de nombre Ner'Zhul y le prometió gloria, el poder que ninguna raza sobre Draenor vio jamás y el don de la eternidad. Ner'Zhul, atraído por la oferta del demonio Eredar, hizo un pacto de sangre con él. Así fue como Kil'Jaeden, a través de Ner'Zhul sembró la semilla de la destrucción en el corazón de los orcos, y estos, con el tiempo se convirtieron en bárbaros sedientos de sangre y destrucción. Kil'Jaeden, contento, comenzó a observar la cacería indiscriminada que los orcos habían desatado sobre el pueblo Draenei. Solo unos escasos Draenei, bajo el mando de alguno líderes como Akama, consiguieron escapar de la masacre de los orcos ocultándose en cavernas.

En un último embite, Kil'Jaeden se dirigió a Ner'Zhul y le propuso a él y al pueblo orco, entregarse en cuerpo y alma a la guerra. El chamán se dio cuenta entonces de las intenciones de Kil'Jaeden, y supo que el pueblo orco sería esclavizado, por lo que le dio la negativa al demonio. Disgustado por la reacción del anciano orco, Kil'Jaeden buscó a otra marioneta que llevara al pueblo orco por el camino de la Legión. El Embaucador fijó sus ojos en un aprendiz chamán y alumno de Ner'Zhul, el orco Gul'Dan. Como ya hablara antes a Ner'Zhul, Kil'Jaeden habló a Gul'Dan de poder ilimitado, y se lo prometió a cambio de su ciega obediencia. Así fue como Gul'Dan, seducido por las ofertas de Kil'Jaeden, se convirtió en un aplicado estudiante de la magia demoniaca, de modo que el joven aprendíz de chamán, se convirtió en el más poderoso de los maestros brujos conocidos de la historia. Gul'Dan guió a otros orcos para abandonar las artes del chamanismo y les llevó a acoger los conocimientos demoniacos de la magia de Kil'Jaeden, el poder que los condenaría, la necromancia.

Cuando Kil'Jaeden logró sus objetivos a través de Gul'Dan, ayudó a este a crear el Consejo de las Sombras, una organización sectaria de orcos que manipularía los clanes en secreto y extendería las prácticas de la necromancia por todos los territorios de Draenor. De este modo, las tierras de Draenor se pudrieron a medida que más orcos practicaban las artes brujas de los demonios.

En poco tiempo, los campos orcos, se convirtieron en baldías tierras infértiles y tétricas.


La llegada de la Horda a Azeroth
Tiempo después del engaño de Kil'Jaeden sobre los clanes orcos, las batallas en torno a Draenor volvieron a los orcos unos contra otros. Sin un enemigo común, el ansia de destrucción llevó a los orcos a competir entre ellos en pruebas de fuerza y luchas fraticidas. Ante la aprobación de esta dinámica por parte de los nigromantes, los brujos que estudiaban la magia y mantenían el balance del poder, pensaban que ningún orco sobreviviría, como ellos, Durotan, jefe del Clan Frostwolf, advirtió que esta conducta acabaría con el pueblo orco. Nadie escuchó a Durotan y otros jefes de clanes más poderosos se proclamaron campeones de guerra.

Los brujos advirtieron que para avanzar en el dominio de la magia, los orcos debían encontrar un nuevo enemigo común. Fue en ese tiempo, cuando los brujos se percataron de la presencia de una hendidura interdimensional. Pasaron años estudiando los misterios de ese fenómeno y haciendo ensayos y pruebas, hasta que se percataron de que tal hendidura se podía emplear como portal para enviar a un clan al otro lado. Una fuerza expedicionaria se internó en el portal y al volver sus integrantes describieron un mundo verde y lleno de vida. Sus relatos eran tan increíbles, que sus hermanos orcos creyeron que lo que había más allá del portal los había enloquecido. Pero las muestras de plantas que los enviados por el portal trajeron, daban buena cuenta de que sus relatos eran ciertos.

Tres meses después, siete guerreros se adentraron en el portal y volvieron con reportes detallados sobre el mundo del otro lado. Este nuevo mundo era Azeroth, y los orcos comenzaron a saquear las aldeas de los humanos. Pero para asegurarse la victoria, el Consejo de las Sombras invocó a Mannoroth el Destructor. El Consejo convenció a los jefes de todos los clanes para que bebieran de la sangre de Mannoroth, obteniendo así una sed de sangre que los volvería invencibles. Todos los jefes de los clanes, a excepción de Durotan, bebieron y se convirtieron en siervos de Mannoroth, y estos contagiaron su lealtad al demonio a sus hermanos del clan.

Con las ansias de destrucción renovadas por la sangre de Mannoroth, los orcos se lanzaron a la carga y Gul'Dan reunió al pueblo orco en una Horda, dentro de la cual los jefes de clanes lucharían entre ellos para coronarse como jefes supremos. Con engaños y manipulaciones, Gul'Dan logró sus planes, y Blackhand el Destructor, señor del Clan Blackrock se hizo con el puesto de Señor de la Guerra y dominó sobre la Horda con su crueldad y sus ansias de poder.

El plan de Blackhand era simple: La unificación de todos los orcos y la destrucción absoluta de la raza humana del recién descubierto mundo de Azeroth. La Horda sería el ejército de la Legión de Fuego y había dado comienzo la Primera Guerra de Azeroth.


La Primera Guerra
La apertura del Portal Oscuro [editar]Mientras Kil'Jaeden, el Embaucador, supervisaba los progresos de la reciente Horda y la inminente invasión de Azeroth, Medivh continuaba su lucha por su alma contra Sargeras. El Rey Llane, el monarca de la nación de Stormwind, no podía sino temer por la oscuridad que corrompía el espíritu de su antiguo amigo. Llane acabó compartiendo sus temores con Anduin Lothar, el último descendiente del linaje de los Arathi, al que eligió como su lugarteniente. Pero ni los dos juntos pudieron imaginar, y aun menos evitar, que la lenta pero creciente locura de Medivh acabara desencadenando los horrores a los que pronto los hombres se deberían enfrentar.

Como un empujón final para la Horda, Sargerás contactó con Gul'Dan a través del cuerpo de Medivh. El Titán oscuro prometió a Gul'Dan un gran poder al brujo orco si este accedía a liderar a la Horda hacia Azeroth. Sargeras le reveló al orco que podría convertirse en una deidad si encontraba la tumba sumergida en el mar donde la guardiana Aegwynn dejó el cuerpo mutilado de Sargeras mil años atrás. Atraido por la oferta, Gul'Dan aceptó y decidió que, una vez eliminados los habitantes de Azeroth, buscaría la tumba y reclamaría su recompensa. Con la seguridad de que la destructiva Horda cumpliría sus planes, Sargeras dio luz verde a la invasión sobre Azeroth.

Mediante un esfuerzo conjunto, Medivh en Azeroth y los brujos el Consejo de las Sombras en Draenor, abrieron la hendidura interdimensional que desde entonces sería conocida como el Portal Oscuro. El Portal ejerció de puente, salvando la distancia entre los mundos de Draenor y Azeroth, y era lo suficientemente fuerte y grande como para permitir el acceso de ejércitos enteros. Gul'Dan envió exploradores para estudiar los territorios que deberían conquistar, y estos regresaron con buenas noticias para el Consejo.

Azeroth estaba listo para la conquista.


Mar Abr 15, 2008 4:30 pm Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado Enviar email MSN Messenger
losredondos




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Mensaje  te mataste escribiendo wing Responder citando
lei el primer parrafo como siempre hago y empece a bajar. Gracias a dios q hice eso ya q te escribiste la biblia y el coran. Todo lo q escribiste esta cierto. yo ya habia leido esto por internet en ingles. Pero era muy largo y me tomo como 1 hora en leerlo todo. Y vos no solo lo leiste sino q te tomaste el trabajo de escribirlo!!! Ciertamente merece un merito lo q escribiste wing.

Muy Buen Trabajo!!!!

Mie Abr 16, 2008 9:40 pm Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
mariano




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yo la verdad no lo lei, ahora me suena mas a war3 esto, supongo a cuando hicieron el 3 profundizaron mas en el tema porq realmente no creo q el 1 empiece asi, osea no creo q esto lo hayan planeado para el 1

Jue Abr 17, 2008 6:34 pm Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
sergio18
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Esta es la biografia del warcraft II lo que pasa es que os sonaran algunos nombres al war3 como los reinos ect, yo si la he liedo, os la recomiendo a todos.


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